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miércoles, 8 de diciembre de 2010

Ariel Basteiro: miedo a la Virgen

El "nuevo" encuentro le tiene miedo a la Virgen de Lúján. En realidad a la Virgen María. Debe de pensar que su Madre, nuestra Madre, puede ofender con su presencia el culto, que digo, la libre conciencia religiosa de sus "pares".

Quieren retirar a la virgen de Luján del Salón de Pasos Perdidos

Un diputado de Nuevo Encuentro presentó un proyecto para que la imagen de “Nuestra Señora de Luján” sea retirada del Salón Pasos Perdidos y se habilite un espacio de carácter ecuménico.
Con el objetivo de garantizar la igualdad de oportunidades para el ejercicio de la libertad religiosa que reconoce la Constitución Nacional, el diputado aliado al Gobierno Ariel Basteiro presentó un proyecto para que se retire del salón de Pasos Perdidos la imagen de “Nuestra Señora de Luján” y se habilite en la Cámara de Diputados un espacio reservado de carácter multirreligioso al que puedan acceder sus miembros para satisfacer sus necesidades espirituales.
El 8 de septiembre de 1997, por iniciativa de la entonces diputada nacional Nélida del Carmen Parra y decisión del peronista Alberto Pierri, quien en esa época presidía la Cámara baja, se procedió a la “Solemne Entronización de la Imagen de la Santísima Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora de Luján, Patrona de la República Argentina” en el Salón de Pasos Perdidos.
“La Cámara de Diputados, como tal, es parte del Estado no confesional. Esto no implica desconocer el derecho de sus integrantes a profesar libremente su culto, pero el ejercicio irrestricto de ese derecho no los habilita a instalar en un ámbito público y plural como es el Salón de Pasos Perdidos símbolos propios de una determinada religión que, por su sola presencia, pueden alterar el espíritu de quienes no comulgan con ella”, aseguró Basteiro en los fundamentos del proyecto presentado.

domingo, 7 de junio de 2009

“lo argentino, lo judío"

Viernes, 13 de Junio de 2008- El difícil arte de ser genuino Fuente:
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-105970-2008-06-13.html

Por Julián Gorodischer

En una oportunidad, había un judío llamado Rozemberg que tenía una fábrica en Villa Lynch y era muy estricto con sus obreros…hasta que un día uno fue y le dijo: “Escúcheme, ¿por que usted nos trata así, si dice que es comunista?” Y Rozemberg le contestó: “Bueno, para que vean que mal se vive en el capitalismo” (Entrevista de la autora a Roberto Pinkus, Enero de 2006).
Guillermo Borger, el nuevo titular de la AMIA, dijo que su vertiente va a representar a los judíos genuinos. Todavía recuerdo la primera vez que escuché la invocación a “ser genuino”. Tenía 17 y viajaba por Israel financiado por la agencia del Estado judío. Los madrijim nos comunicaron las reglas al desembarcar en Tel Aviv: nadie podría faltar a ninguna conferencia promocional sobre la vida en Israel de las cuatro pautadas por día, en las que la prédica sionista oponía siempre un “judío genuino” a uno “asimilado”. Nos comprometían a marcar asistencia y a aprender a desasimilarnos, y los que nos escapamos a los bares no merecimos el diploma al terminar.
Todavía recuerdo la vergüenza en los vestuarios de Hebraica, Borger: yo me tapaba el pito para que no se me viera el prepucio; era miedo a ser distinto. A los diez tuve una entrevista con un rabino conocido de la familia; éramos papá, el señor y yo. Papá le explicó que yo me quería sentir como un par con los compañeritos del grupo Parparim al que se me había asignado; y el rabino asintió con la segunda mirada más compasiva que alguna vez me dedicaron (sobre la primera prefiero no escribir) y sólo dijo que no me iba a dar cuenta cuando se produjera el corte. La vaguedad de su testimonio aportó una variedad de imágenes que no habría acompañado a la más cruenta de las descripciones, y la circuncisión quedó para otra vida posible en la que seré un judío genuino.

El día de mi pseudo Bar Mitzvá estábamos sólo mis padres, tía Zara y Jonatan frente a los canapés. El mismo rabino quiso hacerme decir una oración para darle un mínimo sesgo, si no genuino, al menos simulado, a eso que deberíamos estar haciendo. Me negué porque sabía que Jonatan luego lo contaría en la división y me dio vergüenza. A cambio me pidió unas palabras alusivas, y yo no tenía nada que decir: estaba en blanco; no entendí nunca esa transición que se me imponía. En cambio sentí la llegada de los 22 como un punto de inflexión; pero los 22 no deberían significar nada especial para un judío genuino y por sostener lo contrario (que mis 22 me importaron más que mis 13) Borger y su representatividad podrían negarme la tumba en La Tablada y hasta un knishe de calabaza (¡ni siquiera me gustan los de papa!) en una cena de Rosh Hashaná.
Mi judaísmo es la tonada yiddish (pero ni siquiera la de mis padres, ni mucho menos la mía, ni de abuelos que podrían haberlo hablado sólo en la ultratumba durante los últimos veinte años) sino de viejas desconocidas que me cruzo en el bar Tótem de Corrientes y Malabia, que sistemáticamente vienen hasta mi mesa: “Inguele, ¿ya terminaste con el diario, me lo puedo llevar?” “No, señora –contesto siempre crispado–, ¡es mío!”

Créame, Borger, primero esas señoras me irritan porque estoy harto de que me pregunten lo mismo todos los santos días, pero después me hacen acordar a la esencia de mi ser judío, a mi abuela Cipe (a la que no le respetábamos ni el nombre genuino: le decíamos Celia), y Celia era áspera, distante y te negaba el saludo si se te caían unas miguitas del matze en su alfombra impoluta (en fin: insoportable), pero la extraño a mi modo. ¿Pero sabe qué, Borger? No lloré la muerte de Celia, y hasta creo haber pedido que la velaran a cajón abierto sólo para sacarme el morbo de ver a un muerto. Si eso pasó, fui desoído, claro. Cuando Celia se murió todavía tenía muy presente la vez en que me arrojó una puteada en su yiddish chillón por haberme animado a ir en bicicleta hasta su casa, en vez de alentarme a seguir creciendo, y luego no la lloré. Es lo que me tocó: no estoy orgulloso de no haber llorado a mis muertos. Ni tampoco de que mis divinidades judías sean Adam Goldberg y Ben Stiller. Son mis ídolos, y no me pregunte por qué, es una cuestión de empatía personal. Me hacen acordar a mi primo Exequiel, y él y yo nos caíamos bien.

¿Sabe cuál era el juego que compartíamos con Exequiel cuando se producía la aparición de Eliahu Hanabi por el balcón de la tía la primera noche de Pesaj? Le poníamos algo resbaloso en el piso del balcón al tío Arón que hacía de Eliahu para que se tropezara y se le arruinara el número. ¿Sabe qué tipo de observantes éramos? Estábamos ansiosos por clausurar un numerito que entendíamos apenas como la postergación de la salida a la matinée. Exequiel y yo, de escuelas públicas y pitos sin cortar, de hebreo nulo e yiddish instintivo, de idishe mammes a las que habríamos cambiado exultantes por la madre de Juan Cruz, que agasajaba mejor durante la Navidad, no la pasamos bien en el country al que peregrinamos hasta cumplidos los diez, ¿sabe? Nosotros dormíamos en cuchetas; nuestros padres pagaban por noche; y había que reservar desde tres meses antes porque el stock de camas se agotaba rápidamente. La división de castas entre los que tenían casa y los que rentábamos cuchetas regulaba las relaciones y la estima. Era raro tener un amigo de las casas si parabas en el dormy.

Y no quiero demonizar especialmente a esas señoras dueñas de casas temerosas de nosotros, los rusitos de Once y Villa Crespo, en los dormys. Realmente creían esas mujeres en una teoría de la equivalencia social en el trato, y allá ellas porque no soy quién para juzgar. Pero ya ahí había genuinos que eran los dueños de casas y no genuinos que éramos los que parábamos en el dormy.
Después los madrijim de Zumerland (la colonia de vacaciones judía–socialista), en otro territorio del amplio espectro-laico, nos instruyeron a aceptar que se nos retirara el envío semanal de golosinas que mandaban nuestros padres para hacer menos tortuosa la estadía en Mercedes, que me hizo claustrofóbico de por vida. La sugerencia era compartirlo con los otros chicos. No fui genuino, Borger.....
; la Torá de Zumerland decía que había que devocionar a la expropiación que nos haría mejores y yo, estereotipo de miserabilidad, escondía los mantecoles adentro de la funda de la almohada para comerlos solo. Diría para salvarme, que la mayoría hacía lo mismo, y tengo grabada una entrevista en que la actriz Mariana Briski, que iba a Zumerland, confiesa que también se negaba a la expropiación.

Lo que quiero decir es que ya varias veces me hicieron sentir que no era
genuino. Y la verdad es que, muchos años después, debo asumir que estoy de acuerdo, que no soy para nada genuino, y que en ningún momento eso dejó de importarme aunque sólo me importara un poquito. Pero me gustaría preguntarle –citando a Philip Roth– si “no ha llegado el momento de que sea usted el que empiece a exprimirse al hijo obediente que lleva dentro”....

.... porque, vamos, no estamos obligados a interpretar el papel que nos repartieron si es eso lo que termina de volvernos locos.

Leer tambien: http://albertonadra.blogspot.com/2009/04/humanismo-racismo-y-antisemitismo.html

sábado, 6 de diciembre de 2008

El lobby

¿Quién es el perro? ¿Quién es la cola?
Uri Avnery
Rebelión
Traducido del inglés para Rebelión y Tlaxcala por Carlos Sanchis
Normalmente no cuento estas historias, porque podrían dar lugar a la sospecha de que soy un paranoico.
Por ejemplo: hace 27 años, fui invitado a dar una gira de conferencias en 30 universidades estadounidenses, incluídas las más prestigiosas: Harvard, Yale, Princeton, MIT, Berkeley y otras por el estilo. Mi organizador era la Confraternidad de Conciliación, una respetada organización no-judía, pero las propias conferencias estaban sostenidas bajo los auspicios de los capellanes de Judíos Bet-Hillel.
A la llegada al aeropuerto de Nueva York me reuní con uno de los organizadores. "Hay una ligera dificultad," me dijo, "29 de los rabinos han cancelado su conferencia."
Al final, se dieron todas las conferencias, bajo los auspicios de los capellanes cristianos. Cuando llegamos al único rabino que no había cancelado mi conferencia, me dijo el secreto: las conferencias se habían prohibido en una carta confidencial de la Liga Anti-Difamación, la policía de pensamiento de la clase dirigente judía. La frase de salida se ha insertado en mi memoria: "Aunque no puede decirse que el Miembro de la Knesset, Avnery es un traidor, todavía…"
Y OTRA historia de la vida real: un año después fui a Washington DC para "vender" la solución de los dos estados que en aquel momento fue considerada una estrambótica, por no decir loca, idea. En el transcurso de la visita, los cuáqueros fueron tan amables que dispusieron una conferencia de prensa para mí.
Cuando llegué, quedé asombrado. El vestíbulo estaba hasta arriba, prácticamente todos los medios de comunicación importantes usamericanos estaban representados. Muchos habían venido directos desde una conferencia de prensa dada por Golda Meir que también estaba en la ciudad. El acto era para durar una hora, como es usual, pero los periodistas no lo permitieron. Me bombardearon con preguntas durante otras dos horas. Claramente, lo que yo tenía que decir era bastante nuevo para ellos y estaban interesados.
Tenía la curiosidad de cómo se informaría de ello en los medios de comunicación. Y de hecho, la reacción fue abrumadora: ni una palabra apareció en ninguno de los periódicos, en la radio o en la televisión. Ni una sola palabra.
A propósito, hace tres años mantuve una conferencia de la prensa de nuevo, esta vez en la Colina del Capitolio, en Washington. Era una réplica exacta de la última vez: la muchedumbre de reporteros, su obvio interés, la conferencia se alargó mucho más allá del tiempo fijado; y ni una sola palabra en los medios de comunicación.
PODRÍA contar unas pocas más historias como éstas, pero ese es el asunto. Sólo las recuento recientemente con relación al escándalo causado por dos profesores usamericanos, Stephen Walt; de Harvard y John Mearsheimer, de la Universidad de Chicago. Ellos publicaron un documento de investigación sobre la influencia del lobby de Israel en los Estados Unidos.
En 80 páginas, 40 de ellos notas a pie de página y fuentes, los dos muestran cómo el lobby en pro de Israel ejerce un desenfrenado poder en la capital usamericana, cómo aterroriza a los miembros del Senado y de la Cámara de Representantes, cómo baila la Casa Blanca al son de su melodía (si, de hecho, una casa puede bailar), cómo los principales medios de comunicación obedecen sus órdenes y cómo las universidades, también, viven con temor de él.
El documento causó una tormenta. Y no quiero decir los predecibles ataques salvajes de los "amigos de Israel" - lo qué significa casi todos los políticos, periodistas y profesores. Éstos cayeron con fuerza sobre los autores con todas las imputaciones habituales: que eran antisemitas, que estaban resucitando los Protocolos de los Sabios de Sión, y así sucesivamente. Había algo paradójico en estos ataques, puesto que sólo ilustraban el caso de los autores.
Pero el debate que me fascina es de una naturaleza diferente. Surgió de entre los mayores intelectuales, desde el legendario Noam Chomsky, el gurú de la izquierda de todo el mundo (incluido Israel), a las páginas progresistas de Internet de todas partes. El hueso de la disputa: la conclusión del papel dominante del lobby judío-israelí en la política exterior usamericana y la subyugación a los intereses israelíes - en manifiesta contradicción al interés nacional de los propios EE.UU.. Un caso al respecto: el ataque usamericano a Iraq.
Chomsky y otros se alzaron contra esta afirmación. No niegan los hallazgos objetivos de los dos profesores, pero objeta a sus conclusiones. Bajo su punto de vista, no es el lobby de Israel el que dirige la política usamericana, sino los intereses de las grandes corporaciones empresariales que dominan el imperio estadounidense y sacan provecho de Israel para sus propios objetivos egoístas.
Dicho simplemente: ¿menea el perro su cola, o menea la cola su perro?
ESTOY NERVIOSO sobre hincar mi cabeza en un debate entre tales intelectuales ilustres, pero me siento obligado, no obstante, a expresar mi punto de vista.
Empezaré con el judío que fue al rabino y se quejó de su vecino. "Tienes razón'", declaró el rabino. Después vino el vecino y denunció al acusador. "Tienes razón'", anunció el rabino. "Pero cómo puede ser esto," exclamó la esposa del rabino, ¡"Sólo uno de los dos puede tener razón"! " Tu también tienes razón", dijo el rabino.
Me encuentro en una situación similar. Pienso que ambos lados tienen razón (y espero tener razón, yo, también).
Los hallazgos de los dos profesores son correctos hasta el último detalle. Cada senador y cada congresista sabe que criticar al gobierno israelí es un suicidio político. Dos de ellos, un senador y un congresista, lo intentaron, y fueron ejecutados políticamente. El lobby judío se movilizó totalmente contra ellos y los persiguió hasta sacarlos del cargo. Esto fue hecho abiertamente, para establecer un ejemplo público. Si el gobierno israelí quisiera una ley mañana anulando los Diez Mandamientos, 95 senadores (por lo menos) firmaría el acta inmediatamente.
Por ejemplo, el presidente Bush se ha retirado de todas las posiciones usamericanas establecidas con respecto a nuestro conflicto. Él acepta las posiciones de nuestro gobierno automáticamente, sean como sean. Casi todos los medios de comunicación usamericanos están cerrados a los palestinos y a los activistas por la paz israelíes. Sobre los profesores, casi todos ellos saben qué lado de su tostada está untado con manteca de cacahuete. Si, a pesar de eso, alguien se atreve a abrir la boca contra la política israelí - como pasa una vez cada pocos años - se centran en una descarga de denuncias: antisemita, negacionista del Holocausto, neonazi.
A propósito, invitados usamericanos en Israel, que saben que en casa se prohíbe mencionar la influencia del lobby judío-israelí, enmudecen al ver que aquí el lobby no esconde su poder en Washington, sino que abiertamente se jacta de él.
Por consiguiente, la pregunta no es si los dos profesores tienen razón en sus averiguaciones. La pregunta es qué conclusiones pueden deducirse de ellas.
TOMEMOS el asunto de Irak. ¿Quién es el perro? ¿Quién la cola?
El gobierno israelí rezó por este ataque que ha eliminado la amenaza estratégica que Irak suponía. Los EE.UU. fueron empujados a la guerra por un grupo de neo-conservadores, casi todos ellos judíos, que tenían una gran influencia en la Casa Blanca. En el pasado, algunos de ellos habían actuado como consejeros a Benjamín Netanyahu.
A simple vista, un caso claro. El lobby pro israelí empujó a la guerra, Israel es su beneficiario principal. Si la guerra acaba en un desastre para los EE.UU., Israel será culpado indudablemente.
¿Realmente? ¿Qué hay del objetivo usamericano de poner sus manos sobre las principales reservas petrolíferas del planeta para dominar la economía mundial? ¿Qué hay sobre el objetivo de poner una guarnición usamericana en el centro de la principal área productora de crudo, sobre el petróleo iraquí, entre el crudo de Arabia Saudita, Irán y el Mar Caspio? ¿Qué hay de la inmensa influencia de las grandes compañías petroleras sobre la familia Bush? ¿Qué de las grandes empresas multinacionales cuyo representante más sobresaliente es Dick Cheney que esperó ganar cientos de miles de millones con la "la reconstrucción de Iraq?"
La lección del asunto de Irak es que la conexión americano-israelí es más fuerte de lo que parece, que los intereses usamericano y los intereses israelíes son uno (independiente de si ése, realmente es, a la larga el caso). Los EE.UU. usan a Israel para dominar el Oriente Próximo, Israel usa a los EE.UU. para dominar Palestina.
Pero si algo excepcional pasa, como el asunto de espionaje Jonathan Pollard o la venta de un avión espía israelí a China, y se abre una brecha entre los intereses de ambos lados, EE. UU. es bastante capaz de abofetear a Israel en la cara.
LAS RELACIONES USAMERICANO-ISRAELÍES son de hecho únicas. Parece que no tienen ningún precedente en la historia. Es como si el rey Herodes le hubiera dado órdenes a César Augusto y hubiera nombrado a los miembros del senado romano.
No pienso que este fenómeno puede ser explicado totalmente a través de intereses económicos. Incluso el marxista más ortodoxo debe reconocer que también tiene una dimensión espiritual. No es ninguna casualidad que cristianos fundamentalistas estadounidenses (así como británicos) inventaran la idea sionista bien antes de que Teodoro Herzl tropezara con ella. El lobby evangélico no es hoy en día menos importante en Washington de lo que lo es el sionista. Según su ideología, los judíos deben tomar posesión de toda la Tierra Santa para hacer posible el Segundo Advenimiento de Cristo (y entonces - la parte que ellos no cuentan - algunos judíos se convertirán al cristianismo y el resto serán aniquilados en Armaggedon, el Meggido de hoy al norte de Israel ).
En la base del fenómeno radica la misteriosa similitud entre las dos historias nacional-religiosas, el mito usamericano y el israelí. En ambos, pioneros perseguidos por su religión llegaron a las orillas de la Tierra Prometida. Fueron obligados a defenderse contra los nativos "salvajes" que estaban decididos a destruirlos. Ellos redimieron la tierra, hicieron florecer el desierto, crearon, con la ayuda de Dios, una sociedad floreciente, democrática y moral.
Ambas sociedades viven en un estado de negación e inconscientes sentimientos de culpa - allí debido al genocidio perpetrado contra los americanos nativos y la horrible esclavitud de los negros; aquí debido a la erradicación de la mitad del pueblo palestino y a la opresión de la otra mitad. Aquí y allí, la gente cree en una guerra eterna entre los Hijos de Luz y los Hijos de la Oscuridad.
SIN EMBARGO, la simbiosis usamericana-israelí es un fenómeno único y demasiado complejo para ser descrito como una simple conspiración. Estoy seguro que los dos profesores no quisieron hacerlo.
El perro menea la cola y la cola menea al perro. Se menean uno al otro.
Carlos Sanchis es miembro de los colectivos de Rebelión y Tlaxcala (www.tlaxcala.es), la red de traductores por la diversidad lingüística. Esta traducción es copyleft.