Una saga que dejó su huella en la sociedadEn cuanto a la comunidad judía en la argentina, se compone hoy de 250 mil personas. Bajaron de los mismos barcos las bobes y zeides, abuelas y abuelos, del dramaturgo Samuel Eichelbaum, el novelista Joseph Kessel (llegó a ser académico de Letras de Francia), de Carlos Heller (Gerente de Credicoop y ex vicepresidente de Boca). A la colonia Lucienville arribaron los familiares de José Pekerman (nieto de gauchos judíos ucranianos), de los actores Salo y Mario Pasik, de los Muchnik, los Lifschitz. Y llegó el escritor Alberto Gerchunoff (nacido en Lituania en 1883), iniciador en 1910 de la literatura judía con "Los Gauchos judíos". Cristina Elisabet Fernández Wilhelm, Ezquenazi, Werthein, Elztain, Mindlin, Grobocopatel, Kunkel, Vervitsky, Alperovich, Fellner, Larcher, Manusovich, Scioli. Siendo apoderados de segmentos estratégicos que van desde el Banco Hipotecario y los seguros (Elztain - Werthein) hasta los recursos energéticos (Ezquenazi - Werthein - Mindlin), pasando por las comunicaciones (Werthein), los negocios agroindustriales (Werthein - Ezquenazi - Grobocopatel), las importaciones masivas de China (Werthein) y el apoderamiento de tierras fiscales o campos hipotecados.
Las sagradas escrituras eran suplantadas, al fin y alcabo, por la categórica infalibilidad del materialismo dialéctico. Paisanos progresistas Colonia Zumerland pertenecía, tío Plinio querido, al ICUF. (Idisher Cultur Farband / Federación de Entidades Culturales Judías de la Argentina). Aún el Zumerland debe referenciarse en aquella honorable organización, de judíos sensiblemente progresistas.Los paisanos del ICUF eran patológicamente prosoviéticos. Bastante más de lo necesario. En realidad, en la "inmensidad de la Unión Soviética", no podía encontrarse nunca, a nadie, que fuera más prosoviético, tío Plinio querido, que cualquier dirigente del secretariado del Partido Comunista Argentino. Contaban, los icufistas de la Colonia Zumerland, con una escuela, la Shule. Con un club, el Zhiklovsky. Si se los evalúa con rigor, aquellos judíos soñadores, más que moralistas, eran casi heroicos. En el Buenos Aires de los setenta, había que estar, tío Plinio querido, ideológicamente blindado para ser judío y asumirse como bolchevique. Sobre todo para atreverse a sostener las posiciones del Partido, durante el Proceso Militar. Con las apelaciones a apoyar a Videla, siempre en contra "del pinochetazo". Pero fue tal vez peor, para ellos, los militantes en los sesenta. Después de la Guerra de los Seis Días, de junio de 1967. Cuando ser judío y prosoviético representaba, en la comunidad, una contradicción. Porque "la gloriosa Unión Soviética" había apoyado ala coalición de los árabes. En contra de Israel. Sin embargo, aquellos judíos progresistas seobstinaban en la ciega defensa de la URSS. En negar la existencia, en la URSS, del menor brote de antisemitismo. Y todo aquel trotskysta que manifestaralo contrario, era catalogado, directamente, tío Plinio querido, como informante de la CIA. Se encolerizaban, los psicobolches, con furiosoromanticismo, cuando los de la "fracción", o sea los chinófilos del PCR (Partido Comunista Revolucionario), mencionaban la existencia de los dos imperialismos. Desde el Club entonces se bajaba la línea. Existía un solo imperialismo. El Yanqui. Los desbordaba, aparte, la provocativa conceptuación del "socialimperialismo."Tésis del PCR, de Otto Vargas, alias Rosendo Irusta. Referente máximo de la organización que cautivaba al matrimonio Altamirano. Para entender más de la arquitectura cultural del psicobolche, se aconseja leer la aceptable novelita de Jorge Sigal, el hermanito de Eduardo, baluarte integrador de la diplomacia kirchnerista. Se titula “El Día que maté a mi padre”. También debe valorarse, sobre todo, "El oro de Moscú", opus indispensable de Isidoro Gilbert. Y algún artículo de Graciela Browarnik. Zumerland cumple La ilusión del socialismo científico que se desvaneció pesadamente. Se desmoronó la Unión Soviética, para producir, con el desbande ideológico, el fortalecimiento cínico del pragmatismo, que incita a la salvación individual. Y en países como la Argentina, con tanta vocación por la clandestinidad, la desaparición del estado soviético produjo, tío Plinio querido, determinados enriquecimientos personales. Se tratarán en otra carta. Los psicobolches no lograron, infortunadamente,"construir un mun do mejor". Pero pudieron, al menos, intentar la Conquista de Buenos Aires. Entonces en Colonia Zumerland cumplieron. Puede expresar su beneplácito generacional. Forjaron excelentes cuadros, que supieron conquistar, desde hace años, la ciudad. Mire, sin ir más lejos, a los candidatos que representan el progresismo invertebrado de la capital. Continúan, con las trayectorias de otras casacas, o con la racionalización a la carta del fenómeno abarcativo del peronismo, la arquitectura cultural, minuciosamente forjada alrededor de aquellos fogones. De cuando coreaban "Ay Carmela". Y pugnaban, tío Plinio querido, por la vuelta de la tortilla. Lo demuestra la fórmula conjunta de Daniel Filmus, aquel que fuera un gran admirador de Aníbal Ponce. Con Carlos Heller, el de la "banca solidaria". Es el hermanito de Amado, miembro del Comité Central. Lo muestra la audacia paraguaya de Aníbal Ibarra, que insiste para la concejalía llamada diputación. Aunque Ibarra sea un “goie”, también perteneció al Club. Y compartió, seguramente, los fogones. Y cantó por la vuelta de la tortilla. A los efectos de confrontar, Filmus, Heller e Ibarra, los tres cruzados, con Jorge Telerman, otro exponente del Club que arrastra sus diferencias y acercamientos con ellos, tal vez, desde la Colonia.
De todos modos, los hijos del Zumerland mantienen la responsabilidad de impedir "el avance de la derecha". De obstruir el avance de Macri. Que es, igual que Ibarra, otro "goie." Aunque con los apellidos italianos, en realidad, tío Plinio querido, nunca se sabe.Los judíos italianos instan a evocar, para finalizar la carta, "El Jardín de los Finzi-Contini”. El film basado en la novela legendaria de Giorgio Bassani. Es el abuelito de Marcelo Bassani, el abogado radical. Otro "goie" que supo aplicadamente atender, acaso en exceso, a tantas paisanas. Giorgio Bassani, el abuelo de Marcelo, supo retratar la burguesía judía de Ferrara, durante el auge del fascismo. La película fue dirigida por un Vittorio De Sica superior.Puede conseguirla, para verla con tía Edelma, por"dividí". Otro día le cuento sobre los pocos psicobolches que se enriquecieron, con la caída de la URSS. http://lists.econ.utah.edu/pipermail/reconquista-popular/2007-March/048023.html





Pero fue en la última dictadura militar (1976-1983) en la que su importancia superó la del resto de su más que centenaria historia: 











