.

lunes, 8 de junio de 2009

¿otro buen negocio para Clarín y Telefónica?: entre cables

Proyecto de ley de servicios audiovisuales de comunicación

Domingo, 07 de Junio de 2009 02:17 Hugo Echeverre
El proyecto tiene más de 150 páginas. Entre tantas cosas, persigue establecer una “amplia libertad de expresión y un libre acceso a la información (…) acceso equitativo a la prestación de los Servicios de Comunicación Audiovisual (…) implicando ello igualdad de oportunidades para acceder de todos los habitantes de la Nación a los beneficios de su prestación”. Visto esto, buscamos sobre qué infraestructura técnica se emitiría tanto progresismo junto. ¿A través de qué? ¿Cómo? ¿Cables, aire?¿Quién quiere tener un programita de tele?Buscando, buscando… al final encontramos algo. ¿Sorpresas? No tanto. Los dueños de los cableados y tendidos terrestres serían los encargados de “facilitar -cuando sea solicitado- a los competidores en los servicios licenciados el acceso a su propia infraestructura de soporte, en especial postes, mástiles y ductos, en condiciones de mercado”. Si usted es delegado de algún sindicato, estudiante o participa en alguna organización social y pensó en la posibilidad de tener su programita de tele, y pretende además qué alguien lo vea, vaya llenando la solicitud para que el Grupo Clarín (Cablevisión) o Telefónica le faciliten los cables para transmitirlo. ¿Qué los monopolios de la comunicación atentan contra la libertad de expresión? Por favor. El “acceso equitativo para la prestación de la Comunicación Audiovisual” está asegurado.¿TV gratuita o “tarifa social”?Siguiendo nuestra búsqueda, pensamos entonces que semejante ley debería decir algo sobre el derecho a un servicio de televisión público y gratuito. Poco y nada logramos encontrar. La ley, simplemente, promueve la “tarifa social” (¿será como la de la garrafa?). Por suerte, a los pocos días el Secretario de Medios, Albisur y el titular de COMFER, Mariotto, aclararon el asunto, destacando los beneficios económicos que traerá para la población, y aseguraron que si se aprueba la ley “habrá un abaratamiento de los costos en la tarifa del cable”(1). ¡¿Cómo?! ¿De eso se trata? Adiós a la televisión gratuita ¿Un sistema tarifario dará libre acceso a la información e igualdad de oportunidades.Nos cortaron el cableAnte este (incómodo) escenario, fuimos en la búsqueda de información. Buscando encontramos en Internet al Ing. Luis Valle (profesor de la UBA y UP). ¿Es posible tener una televisión gratuita? Sí pero...“Esa tarea la tiene que hacer el Estado porque si fuera por el mercado, no habría televisión digital gratuita. No la impulsan ni Clarín ni Telefónica, que son los dos principales operadores (...) Clarín privilegia la televisión por cable y a Telefónica lo que le interesa es dar servicios de televisión a través del ADSL”(2). Ah, claro... -reflexionamos-, algo de eso surge en la nueva ley, ¿no?... ¿¡Hola, hola!? Uy... ¿nos cortaron de nuevo el cable?Notas:1 Crítica de la Argentina, 24/03/09.2 Pagina 12; 22/09/08 FUENTE: http://www.matrizur.org/index.php?option=com_content&view=article&id=3093%3Aproyecto-de-ley-de-servicios-audiovisuales-de-comunicacion-iotro-buen-negocio-para-clarin-y-telefonica-entre-cables&catid=40%3Aargentina&Itemid=59

Europa a la derecha

Los conservadores ganan en las elecciones de la Unión Europea
Domingo, 07 de Junio de 2009 22:23


El grupo conservador del Partido Popular Europeo (PPE) volverá a ser la primera fuerza de la Eurocámara, tras su triunfo este domingo en los países más poblados de la Unión en unas elecciones en las que ecologistas y grupos minoritarios registran un importante crecimiento. Según los primeros resultados oficiales, los partidos conservadores y de centro-derecha se han impuesto en Alemania, Francia, Italia, España y Polonia, y se espera también su victoria en el Reino Unido.

domingo, 7 de junio de 2009

“lo argentino, lo judío"

Viernes, 13 de Junio de 2008- El difícil arte de ser genuino Fuente:
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-105970-2008-06-13.html

Por Julián Gorodischer

En una oportunidad, había un judío llamado Rozemberg que tenía una fábrica en Villa Lynch y era muy estricto con sus obreros…hasta que un día uno fue y le dijo: “Escúcheme, ¿por que usted nos trata así, si dice que es comunista?” Y Rozemberg le contestó: “Bueno, para que vean que mal se vive en el capitalismo” (Entrevista de la autora a Roberto Pinkus, Enero de 2006).
Guillermo Borger, el nuevo titular de la AMIA, dijo que su vertiente va a representar a los judíos genuinos. Todavía recuerdo la primera vez que escuché la invocación a “ser genuino”. Tenía 17 y viajaba por Israel financiado por la agencia del Estado judío. Los madrijim nos comunicaron las reglas al desembarcar en Tel Aviv: nadie podría faltar a ninguna conferencia promocional sobre la vida en Israel de las cuatro pautadas por día, en las que la prédica sionista oponía siempre un “judío genuino” a uno “asimilado”. Nos comprometían a marcar asistencia y a aprender a desasimilarnos, y los que nos escapamos a los bares no merecimos el diploma al terminar.
Todavía recuerdo la vergüenza en los vestuarios de Hebraica, Borger: yo me tapaba el pito para que no se me viera el prepucio; era miedo a ser distinto. A los diez tuve una entrevista con un rabino conocido de la familia; éramos papá, el señor y yo. Papá le explicó que yo me quería sentir como un par con los compañeritos del grupo Parparim al que se me había asignado; y el rabino asintió con la segunda mirada más compasiva que alguna vez me dedicaron (sobre la primera prefiero no escribir) y sólo dijo que no me iba a dar cuenta cuando se produjera el corte. La vaguedad de su testimonio aportó una variedad de imágenes que no habría acompañado a la más cruenta de las descripciones, y la circuncisión quedó para otra vida posible en la que seré un judío genuino.

El día de mi pseudo Bar Mitzvá estábamos sólo mis padres, tía Zara y Jonatan frente a los canapés. El mismo rabino quiso hacerme decir una oración para darle un mínimo sesgo, si no genuino, al menos simulado, a eso que deberíamos estar haciendo. Me negué porque sabía que Jonatan luego lo contaría en la división y me dio vergüenza. A cambio me pidió unas palabras alusivas, y yo no tenía nada que decir: estaba en blanco; no entendí nunca esa transición que se me imponía. En cambio sentí la llegada de los 22 como un punto de inflexión; pero los 22 no deberían significar nada especial para un judío genuino y por sostener lo contrario (que mis 22 me importaron más que mis 13) Borger y su representatividad podrían negarme la tumba en La Tablada y hasta un knishe de calabaza (¡ni siquiera me gustan los de papa!) en una cena de Rosh Hashaná.
Mi judaísmo es la tonada yiddish (pero ni siquiera la de mis padres, ni mucho menos la mía, ni de abuelos que podrían haberlo hablado sólo en la ultratumba durante los últimos veinte años) sino de viejas desconocidas que me cruzo en el bar Tótem de Corrientes y Malabia, que sistemáticamente vienen hasta mi mesa: “Inguele, ¿ya terminaste con el diario, me lo puedo llevar?” “No, señora –contesto siempre crispado–, ¡es mío!”

Créame, Borger, primero esas señoras me irritan porque estoy harto de que me pregunten lo mismo todos los santos días, pero después me hacen acordar a la esencia de mi ser judío, a mi abuela Cipe (a la que no le respetábamos ni el nombre genuino: le decíamos Celia), y Celia era áspera, distante y te negaba el saludo si se te caían unas miguitas del matze en su alfombra impoluta (en fin: insoportable), pero la extraño a mi modo. ¿Pero sabe qué, Borger? No lloré la muerte de Celia, y hasta creo haber pedido que la velaran a cajón abierto sólo para sacarme el morbo de ver a un muerto. Si eso pasó, fui desoído, claro. Cuando Celia se murió todavía tenía muy presente la vez en que me arrojó una puteada en su yiddish chillón por haberme animado a ir en bicicleta hasta su casa, en vez de alentarme a seguir creciendo, y luego no la lloré. Es lo que me tocó: no estoy orgulloso de no haber llorado a mis muertos. Ni tampoco de que mis divinidades judías sean Adam Goldberg y Ben Stiller. Son mis ídolos, y no me pregunte por qué, es una cuestión de empatía personal. Me hacen acordar a mi primo Exequiel, y él y yo nos caíamos bien.

¿Sabe cuál era el juego que compartíamos con Exequiel cuando se producía la aparición de Eliahu Hanabi por el balcón de la tía la primera noche de Pesaj? Le poníamos algo resbaloso en el piso del balcón al tío Arón que hacía de Eliahu para que se tropezara y se le arruinara el número. ¿Sabe qué tipo de observantes éramos? Estábamos ansiosos por clausurar un numerito que entendíamos apenas como la postergación de la salida a la matinée. Exequiel y yo, de escuelas públicas y pitos sin cortar, de hebreo nulo e yiddish instintivo, de idishe mammes a las que habríamos cambiado exultantes por la madre de Juan Cruz, que agasajaba mejor durante la Navidad, no la pasamos bien en el country al que peregrinamos hasta cumplidos los diez, ¿sabe? Nosotros dormíamos en cuchetas; nuestros padres pagaban por noche; y había que reservar desde tres meses antes porque el stock de camas se agotaba rápidamente. La división de castas entre los que tenían casa y los que rentábamos cuchetas regulaba las relaciones y la estima. Era raro tener un amigo de las casas si parabas en el dormy.

Y no quiero demonizar especialmente a esas señoras dueñas de casas temerosas de nosotros, los rusitos de Once y Villa Crespo, en los dormys. Realmente creían esas mujeres en una teoría de la equivalencia social en el trato, y allá ellas porque no soy quién para juzgar. Pero ya ahí había genuinos que eran los dueños de casas y no genuinos que éramos los que parábamos en el dormy.
Después los madrijim de Zumerland (la colonia de vacaciones judía–socialista), en otro territorio del amplio espectro-laico, nos instruyeron a aceptar que se nos retirara el envío semanal de golosinas que mandaban nuestros padres para hacer menos tortuosa la estadía en Mercedes, que me hizo claustrofóbico de por vida. La sugerencia era compartirlo con los otros chicos. No fui genuino, Borger.....
; la Torá de Zumerland decía que había que devocionar a la expropiación que nos haría mejores y yo, estereotipo de miserabilidad, escondía los mantecoles adentro de la funda de la almohada para comerlos solo. Diría para salvarme, que la mayoría hacía lo mismo, y tengo grabada una entrevista en que la actriz Mariana Briski, que iba a Zumerland, confiesa que también se negaba a la expropiación.

Lo que quiero decir es que ya varias veces me hicieron sentir que no era
genuino. Y la verdad es que, muchos años después, debo asumir que estoy de acuerdo, que no soy para nada genuino, y que en ningún momento eso dejó de importarme aunque sólo me importara un poquito. Pero me gustaría preguntarle –citando a Philip Roth– si “no ha llegado el momento de que sea usted el que empiece a exprimirse al hijo obediente que lleva dentro”....

.... porque, vamos, no estamos obligados a interpretar el papel que nos repartieron si es eso lo que termina de volvernos locos.

Leer tambien: http://albertonadra.blogspot.com/2009/04/humanismo-racismo-y-antisemitismo.html